CAPITAL FEDERAL, Febrero 07 (Agencia NOVA) El actor y dirigente del radicalismo porteño Nito Artaza, señaló que la UCR “tiene que ir a las elecciones presidenciales con fórmula propia”.
“Mi propuesta es que la fórmula la integren Margarita Stolbizer y Rodolfo Terragno, porque aliarse con (el ex ministro de Economía, Roberto) Lavagna sería como aliarse con (el presidente, Néstor) Kirchner, porque los dos son la misma cosa”, agregó.
En declaraciones a Radio La Red, el actor cómico relució toda su estirpe radical y sacó de la penumbra al senador Rodolfo Terragno que, tal como señaláramos en el último Panorama Nacional, está recluido, agazapado y a la espera de que aclare el cielo en territorio de los “boina blanca”.
Hasta esta expresión de deseo de Nito Artaza nadie hablaba del legislador. Es más, el último antecedente que se tenía de Rodolfo Terragno en la arena política y de cara a un año electoral, era una carta que le dirigieron en 2006 Gabriela González Gass y Aldo Neri, titulares de la UCR Progresista porteña, para que enarbolara las banderas del centenario partido en las elecciones a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, misiva que nunca respondió.
En la Unión Cívica Radical andan todos divididos. La crisis es muy profunda; tanto, que en la actualidad hay dirigentes, entre los que se cuentan intendentes, gobernadores y legisladores, enrolados en la concertación kirchnerista. Julio Cobos, Miguel Saiz, Gustavo Posse, Gerardo Zamora, son conocidos como los radicales “K”.
Están, también, los oficialistas, encabezados por el senador jujeño Gerardo Morales, titular del Comité Nacional, detrás de quien se encolumnan los alfonsinistas bonaerenses que no comulgan para nada con las ideas y estrategias de Margarita Stolbizer.
Si todo fuera una cuestión de números, en las últimas elecciones el candidato presidencial Leopoldo Moreau sólo arañó un lapidario 2,3 por ciento, mientras que la candidata a gobernadora Margarita Stolbizer casi trepa hasta el 10%.
Pero, al parecer, en la UCR bonaerense domina el espíritu del líder Raúl Alfonsín para inclinar la balanza por el radicalismo del 2,3 por ciento por sobre lo cosechado por Stolbizer.
El alfonsinismo estaba empecinado en integrar una fórmula junto a Roberto Lavagna, pero Alfonsín pateó el tablero y salió a cuestionar las dudas del primer ministro de Economía de Néstor Kirchner.
De principal “fogonero” de su candidatura, el Presidente de los ‘80 pasó a constituirse en el principal cuestionador de la “pereza” y pasividad de Lavagna, a quien desde el sector de “los margaritos” lo ven muy parecido al titubeante Fernando De La Rúa.
Para colmo de males, todos los sondeos que ordenan realizar a nivel nacional y en territorio bonaerense indican que Lavagna seguirá más cerca de la barrera del 5 por ciento que de los 10 puntos, sencillamente porque al común de la gente (no el afiliado radical) no hay forma de hacerle entender que el ex ministro es diferente del proyecto de Kirchner. De hecho, “es el padre de la criatura” si de programa económico se trata.
La ideología ya no es una cuestión que interese a la dirigencia del oficialismo en la UCR. Se la pasaron dilapidando argumentos para negar, en los ’90, que las ideologías habían muerto, tal como pregonaba el neoliberalismo que terminó por dinamitar a la Argentina en diciembre de 2001 y comienzos de 2002.
Sin embargo, en los últimos meses hubo titubeos y contactos para levantar la bandera del fin que justifica los medios, para acercar posiciones y dialogar, por ejemplo, con Mauricio Macri. No fue Alfonsín quien lo propuso, pero alguien dio el visto bueno y habilitó ese acercamiento. Es como la historia de los fantasmas. Sería como decir que “yo no creo que hayan existido fantasmas capaces de pegarle un llamado a Macri, pero que los hubo, los hubo”.
El tema es que lo van a negar. Pero los puentes hacia esa dirección fueron tendidos. Ya no se trataría de una mera cuestión ideológica. Se defienden con el argumento de que hay un Presidente hegemónico que quiere destruir los partidos políticos, cuando, en el caso de la UCR, lo han destruido ellos mismos. Son siempre los mismos, amparados en ese paraguas que contiene a “la militancia y la pertenencia” que llevó al partido al 2,3 por ciento del 2003.
No fue el caso de Margarita Stolbizer, que con una leve proximidad al 10 por ciento salvó la ropa del partido de Leandro N. Alem. Sin embargo, sólo Nito Artaza y la misma dirigente de Morón se atreven a pedir lo que los hombres “clave” de la UCR no quieren aprobar: una fórmula propia, del riñón partidario.
Tal vez, Artaza les esté indicando la fórmula para ir a la elección presidencial con dignidad, con lo puesto, pero con identidad propia para desechar el camino del precipicio al que pretenden aproximarlo los Moreau, Storani o Alfonsín. (Agencia NOVA) |